Paseo por Zumaia, antes del almuerzo en el restaurante Bedua.
TOROS. Crónica de la corrida de Azpeitia
Azpeitia: 3ª de San Ignacio
Pedrazas de rompe y rasga
Corrida desigual y guerrera de Luis Uranga. Bella faena de Javier Castaño a un cuarto premiado con generosa vuelta. Buenos trabajos de Juan del Álamo y López Simón
Azpeitia (Guipúzcoa), 2 ago. (COLPISA, Barquerito)
Azpeitia. 3ª de feria. Tres cuartos de plaza. Calor, bochorno. Dos horas y media de función.
Seis toros de Pedraza de Yeltes (Hermanos Uranga).
Javier Castaño, silencio y saludos. Juan del Álamo, una oreja y silencio. López Simón, oreja tras un aviso y silencio tras dos avisos.
Oscar Bernal, Tito Sandoval y Paco María cobraron buenos y aplaudidos puyazos con segundo, tercero y quinto respectivamente. Notable brega de Domingo Siro.
NI SENCILLA NI COMPLICADA, la corrida de Pedraza salió desigual. Las láminas, el pelo, el fondo más que las formas. Todos colorados salvo un quinto chorreado en verdugo, de casi seis años, y más trapío que ninguno aunque no fuera el más armado de todos. Cuatreños los demás. Tres de ellos, abiertos en lotes distintos, con la edad recién tomada. Fueron más serios los de la segunda parte que los de la primera. No es que aquellos no tuvieran respeto –alzada, cara, carnes-, pero cuarto y sexto, y no solo el quinto, ganaron con ventaja las comparaciones.
Se enlotó equitativamente la corrida. Si no hubiera entrado en sorteo el quinto, de expresión muy agresiva, se habrían hecho lotes de equilibrio mayor. Cuarto y sexto fueron toros de particular porte. Y todos sin excepción, toros con plaza. La tablilla de pesos les dio 590 kilos a cuatro de ellos. Solo 550 al segundo de la tarde, menos toro que los demás. La condición de un toro, dicen, se adivina en su lámina y su expresión.Hizo buena esa teoría el lote compensado que cayó en manos de Juan del Álamo. El segundo cabalgó de salida como tantos toros de procedencia Fonseca-El Pilar. Ni trote ni paso ni galope. Otra cosa. Aire distraidito primero, pero ligero y bondadoso luego de sangrar en un puyazo notable por todo: por el picador, certero Óscar Bernal; por el empeño del toro, que metió los riñones; y por el caballo de pica, muy bien domado, boca dulce. Del Álamo hizo un breve pero lindo quite en el platillo, el toro galopó en banderillas, Domingo Siro puso dos pares perfectos y enseguida vino una faena de autoridad y carácter. Hubo que sujetar al toro, que no fue el único que acusó la querencia a corrales y toriles. Sí el más agradecido. Los toros que cabalgan tienden a gazapear, pero este segundo, apenas.


