Damos un giro a lo propuesto hace unos meses, para tratar el tema de “La Literatura Romántica Francesa”

Para ello tomaremos como referencia la novela “Carmen” de Prosper Mérimée y la influencia de los toros en la literatura francesa del s.XIX (Victor Hugo, Teófilo Gauthier, Dumas), así como sus adaptaciones al cine, ópera, teatro …Coordina la  sesión nº VI la directiva Ellen Dulau.

La literatura francesa del siglo XIX y España. Carmen: novela y ópera

En la primera mitad del siglo XIX surge en Francia una reacción tanto artística como literaria contra las normas del clasicismo encerrado en cierta rigidez. Se exalta el sentimiento en contra de la Razón, el misterio, el sueño, la fantasía, lo exótico, el sentimiento de fatalidad en una revolución que reivindica la libertad de escribir, pintar y expresarse sin trabas ni encargos de mecenas exigentes, a costa de pasar hambre y del derecho a la desdicha tanto amorosa como vital.

La época romántica del XIX ve crecer el interés por los viajes y por España en particular ¿Qué ofrece España en aquel marco intelectual? Seducían su exotismo, sus paisajes, sus casas, sus patios floridos, el carácter de sus gentes con su sentido del honor, su patriotismo, seducían sus fiestas, su folklore, la corrida, la magia de sus ciudades árabes, la cultura gitana, los bandoleros y un gran etcétera recuperado con mayor o menor acierto por autores tan importantes como Victor Hugo, Theophile Gautier, Stendhal, Alfred de Musset, Alexandre Dumas, Prosper Mérimée y más tarde Henry de Montherland.

Prosper Mérimée (1803-1870) es el que más se ciñe a la España de verdad, huyendo de “las españoladas imperantes”. Pero…aunque “Carmen” su novela (1845) parezca típicamente española, hete aquí que don José se presenta como vasco: «Yo, señor, he nacido en Elizondo, en el Valle del Baztán. Me llamo don José Lizarrabengoa. Usted conoce mi tierra lo bastante como para sacar por mi apellido que soy vasco de origen y de sangre” que por su parte, Carmen se anuncia gitana, de Etxalar ¿Quién lo iba a decir? Y hay más sorpresas vascas: la popular habanera “L’amour est enfant de bohème” no fue compuesta por Bizet sino por otro vasco, Sebastián Iradier alavés de nacimiento. Don José y Carmen intercambiaban frases en euskera para que nadie les entendiera .Éstas desaparecen de la obra operística así como el caló, para facilitar la comprensión.

No pretenderé extenderme sobre los personajes de Don José y Carmen por demasiado familiares y manidos. La Razón contra la rebeldía, el orden contra la libertad. Él, militar y cristiano viejo cuyos valores morales se van degradando como la debilidad humana. Por pasión, se hace gitano, bandido, y asesino. Ella, Carmen, de una belleza arrolladora, cambiante, coqueta burlona, rebelde, huyendo de ataduras y transgrediendo las normas. Elige la muerte antes de renunciar a su libertad: “José, Carmen será siempre libre. Callí ha nacido, Callí morirá”.

No cabe duda de que la obra musical (1875) fue un modo de difusión de la novela. Salvo detalles el argumento de la ópera de Bizet es fiel a la novela. No fue un gran éxito su presentación y hasta tuvo problemas para su interpretación por su argumento muy “crudo y sensual” rasgos que se apresuraron en “limar” en pos de una mayor aceptación y que explicarían, con otras razones, el escaso éxito de la obra musical en sus principios.

A pesar de estos inicios tímidos la importancia de Carmen fue creciendo con el tiempo adaptando la novela y ópera a todas las representaciones artísticas.

En el cine con directores de la talla de Cecil B. Demille, Charles Chaplin, Ernst Lubitsch, Christian-Jaque, Otto Preminger, Carlos Saura, Vicente Aranda. En la danza, se asocia el nombre de Carmen con Alberto Alonso, Roland Petit, el Ballet Flamenco de Madrid, Sara Baras. Curioso es que la plaza de Nîmes se haya atrevido a representarla en vivo y en directo. Teatro, pintura escultura, ningún arte escapa al embrujo de Carmen, gran mito que ha ido explotando los rasgos peculiares de una mujer enclavada en su época pero muy metida en el futuro.